jueves, 27 de septiembre de 2012

PILLOS Y BROMISTAS



La época en que está ambientada la novela se caracterizaba por la seriedad y bondad de las gentes de bien, pero siempre había listos, no tenían estudios ni sabían de letras, pero se las ingeniaban para engañar y timar a todo el que se cruzara en su camino. También tipos sin escrúpulos que no respetaban nada y abusaban de la gente. Otros bromistas y caraduras que aprovechaban cualquier ocasión para incordiar y reírse a costa de los demás. Algo muy sagrado era el apodo familiar o nombrete por el que se conocía a toda la familia. Llamar a alguno de sus miembros por el apodo significaba tener un conflicto seguro, pero siempre había quien lo decía para increpar y despertar las risas de los presentes. Era común que un desconocido preguntara por alguien y nadie sabía de quién se trataba, bastaba llamarlo por el apodo y todo el mundo sabía quién era. Los había que les molestaba tanto que se pronunciara su apodo que jamás pronunciaban ese vocablo y usaban infinidad de sinónimos para no nombrar la palabra prohibida. La novela da una pincelada sobre estos temas con algunas anécdotas curiosas y divertidas.

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