jueves, 7 de mayo de 2015

COGIDA DE PAPAS Y SANCOCHO CANARIO



La familia de los Sogas tenía un huerto grande dividido en tres cadenas, pertenecientes al patriarca, Nicolasito el Soga. En la época de las papas colaboraba toda su familia, desde el plantío, cavarlas, azufrarlas hasta cortar la rama y cogerlas. La cogida de papas era una fiesta familiar donde se reunían todos los miembros más algunos amigos allegados a la familia. Aunque era una tarea dura la realizaban gustosamente, ya que era una ocasión especial, les proporcionaba alimento y ayuda económica la mayor parte del año. Era tradicional que después de la cogida se hiciera un sancocho. Los días anteriores el viejo había comprado el pescado salado, el gofio y demás elementos necesarios. Doña Azucena ponía el día anterior el pescado de remojo, cambiándole regularmente el agua para desalarlo. Desde muy temprano se reunían en las tierras para comenzar con la siega de la rama. Ésta no se desperdiciaba, servía como alimento de los animales o se dejaba secar y servía de abono para la tierra junto con el estiércol. Los más mañosos se encargaban de desenterrarlas con cuidado para no picarlas. Las picadas se tenían que consumir rápido porque si no se estropeaban. Eran aprovechadas para el sancocho. Se recogían en cestos. Cuando terminaban las sacaban a la orilla de la tierra para transportarlas al lugar donde las conservaban. Los lugares de almacenaje eran los pajares y alpendres, cuevas o en la propia casa, alejándolas de la luz en lugares frescos para su conservación.

Mientras tanto las mujeres se retiraban a casa con las papas picadas para ir preparando el sancocho, así cuando los hombres acabaran con su tarea estaría la comida a punto de terminar. Ellas se repartían las tareas, unas se ponían a raspar las papas mientras los chiquillos las iban lavando, un gran caldero encina de la cocina de leña para que el agua se fuera calentando, mientras otras preparaban el pescado salado.

Doña Azucena era muy mañosa en la cocina, se había traído unas pimientas del huerto para preparar un buen mojo para acompañar, imprescindible en un buen sancocho. Solía preparar dos mojos, uno picón para los hombres y algunas mujeres que se atrevían, y otro más suave para el resto de mujeres y niños. Con el picón había que tener cuidado puesto que si se preparaba muy fuerte se les podían saltar hasta las lágrimas a más de uno. Era momento de ajetreo en la casa, pero todos muy contentos. Llegaban los hombres y se sentaban por los alrededores disfrutando de los buenos olores que salían de la cocina. En el humeante horno el pan estaba preparado. Uno de los hombres cogía un puñado de ramas de incienso para barrer y limpiar el horno de brasas y cenizas. Cuando el patriarca llegaba se iba directo a la mesa. Ella le había sacado el gofio, el cacharro y todo lo necesario para amasar la pella. El honor de amasar se confiaba a los más viejos, en este caso al patriarca del clan, no les gustaba que otros hicieran ese trabajo.

Cuando todo estaba listo, los primeros que comían eran los más pequeños, para que luego se fueran a jugar y no dieran la lata. Los hombres se sentaban todos juntos y eran atendidos por las mujeres, ellas comían juntas y casi siempre en último lugar. La mesa estaba alegre con el sancocho de papas recién cogidas. A cada comensal se le ponían papas, unos trozos de pescado y una pella de gofio. Cada uno se servía la cantidad de mojo a su gusto. Para la ocasión estaba el garrafón de ron y otro de vino, cada cual se servía lo que le gustaba. Cuando acababan de comer las mujeres empezaban a recoger la mesa para lavar la loza y dejar todo recogido.

Con el estómago lleno y agradecido, unos vinos y rones encima, aparecen la guitarra, bandurria y el timple, que son los protagonistas del evento a partir de ese momento. Algunos aprovechan para echar la siesta, mientras otros siguen la parranda. Ya ensalzados, cuando las mujeres habían terminado con las tareas del hogar se unen a estos y comienzan los bailes, acabando por la tardecita. La cosecha de papas había sido buena y tendrían para comer un buen tiempo y vender para cubrir gastos y sacar algún beneficio.

viernes, 13 de febrero de 2015

CASA TRADICIONAL CANARIA




En Canarias la casa rural popular estaba elaborada con los materiales más cercanos a los solares de construcción, se usaba piedra, madera, barro, teja y la cal. La piedra fue básica, empleándose sin labrar o ligeramente modificada en escuadras. Las más grandes se usaban en las esquinas, las pequeñas y cascotes para las paredes y ripiar. Para los sillares, se escuadraban toscamente, se usaban en el contorno de los vanos, en la puerta y las esquinas. 



Los techos de las casas eran por lo general a dos aguas, y también los había a cuatro. Una gran viga que cruzaba la vivienda de un extremo a otro. Entre la viga y las paredes se colocaban vigas menores. Sobre estas se colocaban astillas de tea o tablas de madera, pero generalmente cañas porque se conseguían con facilidad o a menor coste. Encima una mezcla de barro y paja, y al final tejas que hacían de aislante para el agua. Las casas más humildes eran de piedra vista, aunque también mezclaban cal con barro para encalar y aislar de los elementos. En tiempos antiguos el suelo estaba hecho de piedras y barro y ponían esteras de palma para cubrirlo, algunas, de gente más pudiente, estaban cubiertas de tablones de madera de pino.


viernes, 19 de diciembre de 2014

COSTUMBRES CANARIAS EN LOS NACIMIENTOS


 
Era costumbre en los pueblos que a los familiares y amigos que visitaban a las madres recién paridas se les ofreciera una copita. Si esta no les era ofrecida decían que si el niño no meaba para hacer saber que faltaba el ofrecimiento.

Dentro de las costumbres de los pueblos en los nacimientos destacaba “el zorrocloco”. Consistía en que el marido se ponía enfermo durante el nacimiento o los días después del parto, o se creía malo, se acostaba en otra habitación recibiendo los cuidados y atenciones de la partera al igual que la mujer recién parida. Una vez nacido el niño, éste mandaba a tirar un puñado de mostaza sobre el tejado para ahuyentar a las brujas. Por eso se oía llamar a alguien espabilado o que iba a hacer algo malo o alguna pillada: —anda zorrocloco que te vi la intención…

 

Desde el nacimiento cada día al caer la noche, las madres tenían muy en cuenta encender una vela que ponían detrás de la cuna para proteger al niño de demonios, brujas y creencias de la época. Durante esos nueve días hasta el bautizo en la casa se celebraban las velas de paridas, reuniéndose al atardecer la vecindad para velar al recién nacido. Creían que así lo protegían de brujas y demonios para que no se lo llevaran y acabara en el limbo. Se reunían jóvenes y no tan jóvenes en veladas que duraban hasta la madrugada, cantando y bailando a la luz de las velas al sonido de las guitarras timples y bandurrias, animados por el alcohol que hacía que se burlaran de las muchas calamidades que pasaban en el día a día. Se repartía chocolate, caldo de gallina, arroz con leche y tortillas. En esas noches de baile y diversión embriagados por el alcohol se ocultaban en la oscuridad muchos actos entre las parejas llamados impuros. De aquí también salía alguna que otra pareja, por ello estaba mal visto por la iglesia que intentaba a toda costa reprimirlas, pues no podían permitir esos focos de inmoralidad y pecado entre sus fieles.
 
La noche antes del bautizo, la juerga de las velas de paridas se prolonga hasta el amanecer, para partir hacia la iglesia a bautizar al pequeño. Cuando regresaban de la iglesia seguían comiendo bebiendo y bailando hasta el amanecer, siendo ésta la última vela.

martes, 14 de octubre de 2014

RECOLECCIÓN DE ORCHILLA EN CANARIAS


La Aldea de San Nicolás
 
Los acantilados costeros de canarias son muy ricos en orchilla, liquen utilizado para tintes y que generó un comercio importante en Canarias desde las primeras penetraciones europeas en el siglo XV. Pero su recolección era una actividad muy peligrosa ya que el liquen crece en los cantiles costeros orientados a barlovento y requería, en muchos casos, el riesgo de colgarse con sogas para acceder a las zonas donde se hallaba, sobre todo según iba escaseando, dada la sobreexplotación a que estaba sometido, por lo que llegó un momento en que casi quedó extinguido a no ser en los lugares más inaccesibles y peligrosos.

        Se calculaba una producción anual en Canarias, en 1779 de 2.600 quintales, de los que 500 se recolectaban en Tenerife, 400 en Gran Canaria, 300 en cada una de las islas de Lanzarote, Fuerteventura y La Gomera y 800 en la aún poco explotada isla de El Hierro. A mediados del siglo XIX, entre 1845-1850, ya se rebaja la producción anual a 1.756 quintales, quedando en Gran Canaria reducida a 275 quintales, un 69% menos.

        Los precios de la orchilla fueron elevados a lo largo de los siglos XVI y XVIII, donde sólo determinadas familias podían recurrir a su recolección, siempre bajo el control de la administración, previo el remate oficial, por períodos de seis años, el tiempo del ciclo de reproducción y crecimiento del liquen. No obstante, habría que destacar que se realizaron fuera de la ley, en un contexto de un comercio clandestino y contrabandístico con comerciantes intermediarios. Primeramente, un orchillero especializado podía recoger un máximo de 4 ó 5 libras por día. Esa libra se pagaba a finales del siglo XVIII entre 2 y 3 reales de vellón, con lo que a simple vista podía obtener una media de 6 u 8 reales de vellón por jornada de buena recolección, cuando el jornal en el campo estaba en 4 reales. En esta proporcionalidad, con sólo 5 ó 6 jornadas buenas un orchillero podía adquirir el capital necesario para comprar una fanega de trigo (45 rs. v).

         La orchilla producida en Gran Canaria procedía casi toda de los acantilados, sobre todo de los tramos comprendidos entre El Risco de Faneque-El Andén Verde y La Punta de La Aldea, y más al sur de este valle en el macizo de Amurgar (conocido entonces como Los Riscos de la Orchilla) hasta Guguy.

        La actividad orchillera la llevaban a cabo tanto hombres especializados como mujeres campesinas que solían ir en grupos a los riscos costeros más cercanos. La necesidad y el hambre de la época arrastraba a las familias a jugarse la vida por esos difíciles pasos y a colgarse de los riscos con rudimentarias sogas sin ninguna medida de seguridad, por ello, fueron muchas las muertes por desriscamiento en canarias.

            Se trata de difíciles pasos por estrechos andenes, de acantilados casi en vertical, con alturas de hasta 500 metros sobre el nivel del mar. Son varios los accidentes mortales que tienen lugar en los pasos de montaña sobre el mar, utilizados por orchilleros y mareantes, de los que recogemos dos muy trágicos: El ocurrido, en 1826, a Nicolasa Téllez, en El Andén Verde, camino de Las Arenas y, en 1876, a Marta Segura, en El Andén Blanco, en los acantilados de Roque Colorado. En ambos casos sus restos, esparcidos por los andenes, no pudieron extraerse, teniendo que enterrarse en el mismo lugar.

jueves, 11 de septiembre de 2014

LOS INDIGNADOS: LOS SUEÑOS Y EL VIL METAL


 
XIV
LOS SUEÑOS Y EL VIL METAL

 Cuando se habla de sueños y dinero podemos comprobar que los dos conceptos suelen ir unidos, porque muchas veces para conseguir los sueños hace falta el dinero, pero también es cierto que muchos sueños se realizan sin la necesidad del vil metal, y son esos momentos y situaciones inolvidables que permanecen de por vida en la memoria. Aquellas vivencias familiares, los buenos ratos con los amigos, las correrías de juventud y tantas cosas que nos suceden a lo largo de la vida. ¿Quién no ha soñado con ser el afortunado del sorteo de un gran premio que nos libere de trabajar y preocupaciones? ¿Quién no tiene la ilusión de ser ese agraciado y preocuparte solo por vivir la vida como lo has soñado? ¿Quién no se ha imaginado viajando por el mundo, conociendo países y sus gentes, estar en los mejores hoteles, asistir a espectáculos, conciertos y mil cosas más? ¿Quién no se ha visto conduciendo el coche aquél, o ser pasajero de un gran crucero, o dueño de la casa que siempre has querido?

Los sueños, sueños son y de ellos nos alimentamos, ayudándonos a vivir el día a día en nuestra carrera para alcanzarlos, para llegar hasta ellos. Muchas veces el ímpetu de perseguirlos nos hace perdernos de nuestra realidad, o simplemente nos complica la vida, pero aún así no desistimos y los seguimos buscando, reponiéndonos de las frustraciones en una carrera llena de obstáculos a cuál más difícil, pero parece que hay una fuerza interior que nos empuja a sortearlos, a seguir caminando por un fino alambre en el abismo, pero nos concentramos, miramos al frente y viendo un camino seguro avanzamos por el fino alambre evitando cualquier movimiento extraño que nos haga caer. Muchas veces, ese abismo que vemos no es tan grande, pero hay ocasiones en que la distancia es enorme.

La realidad sin sueños es solo un estado vegetativo de la sociedad, de la persona en un mundo de víboras en la cuál te encuentras defendiéndote del ataque letal que están dispuestos a darte, un mundo competitivo y egoísta, donde se han perdido los valores éticos de la sociedad en la que nos toca vivir. Si no soñáramos o persiguiéramos nuestros sueños nos plantearíamos si es necesario seguir en el mundo, nos sentiríamos esclavos con un destino cierto y una rutina de la cual nunca escaparíamos, como si fuésemos autómatas programados para trabajar y realizar las tareas de la vida diaria, nos haríamos conformistas con todo lo que nos impusieran.

Todos soñamos, tenemos ilusiones, caminos que recorrer. El enamorado sueña con su amada, la ve como una diosa, la imagina, la diviniza, no ve sus defectos y, si los tiene, los convierte en virtudes, cede su territorio y dominio poniéndolos en sus manos, la hace dueña de su voluntad en un mundo ideal. Sueña con su encuentro, con acercase a ella y decirle todo lo que siente. De repente, se vuelve idiota y saca el niño tierno que lleva dentro. Cuando piensa en ella, todo es bonito o como se suele decir, de color rosa. No sé a quién se le ocurrió lo del color rosa, porque todo de rosa sería, en mi opinión, bastante patético, porque un mundo de un solo color resultaría aburrido y mil calificativos que podría poner, porque el mundo ideal es aquél que conserva todo su color y armonía, pero al enamorado le da igual, está en su sueño y lo ve bonito, ideal y suspira en su letargo, abstraído del mundo cuando está pensando en su enamorada, le cambia el humor, se siente bien y resulta divertido para su entorno, lo ves solo en un rincón y le sale la sonrisa tonta de la felicidad, a punto de caérsele la baba, pero no le importa, no le importan las risas de los que están a su lado, está en su sueño, persiguiendo su sueño, viviéndolo en su imaginación y se siente bien con ello.

El artista también persigue su sueño y hace lo que esté en su mano por conseguirlo, es capaz de renunciar a todo por luchar y abrirse camino. No piensa en el dinero que va a conseguir si llega a la cumbre, solo quiere verse en un escenario y mostrar su arte, mirar desde lo alto y ver el recinto lleno de gente, recibir su calor a través de los aplausos, ver su nombre en los medios de comunicación, a un representante llenándole la agenda de conciertos y actuaciones, primero se ve en su pueblo en las fiestas patronales, por los pueblos vecinos, por su isla que poco a poco se le queda pequeña y cruza el charco, se ve aclamado por su público que le reclama y hace colas para conseguir la entrada y entrar en el auditorio, le paran por la calle para pedirle que le firme un autógrafo, su disco, una camiseta… Busca vivir de su arte, de su trabajo, pero despierta y ve la realidad, es consciente de que esos sueños implican muchos sacrificios personales y está dispuesto a hacerlos, es más los hace y no le importa, pero la cruda realidad lo hace llegar a contar con lo necesario para conseguirlo, y es el vil metal, de él depende  para conseguirlo.

El escritor, vive en un sueño y ese sueño es el que le da vida a sus libros, si no soñara sería incapaz de llenar una sola página, porque su sueño hace despertar a su imaginación, crear mundos ficticios, contar aventuras, sueños, batallas, descripciones realistas de su mundo interior que las exterioriza a través de sus palabras, dejando abierta la imaginación de quién esté leyendo para que las traslade a su mundo imaginativo. El escritor es capaz de llevar a sus lectores a otra dimensión, a otro mundo y a otra realidad muy diferente a la que está habituado. Puedes estar encerrado en una celda acompañado de un buen libro y de repente cuando te metes en la historia que cuentan sus letras, empiezas a ver árboles, prados verdes, puedes sentir como te acaricia la brisa u oler el perfume que desprenden las flores. Puedes adentrarte en la ciudad, en las calles bulliciosas llenas de gente que pasea, solos o en pareja, o un grupo que se dirige al trabajo, al bar a tomar un aperitivo… Te puedes encontrar en el pasado, volver a revivir aventuras o viajar al futuro. Te puedes encontrar en alta mar en un velero o un lujoso trasatlántico de última generación o en un submarino visitando el fondo del mar. El escritor no solo sueña y es un soñador, si no que hacer soñar a los demás con sus letras, con sus palabras, con sus frases.

El que escribe canciones, tiene casi los mismos sueños que el artista que sueña con verse en esos escenarios desplegando su voz, escribe para que el cantante exhiba su voz y dotes artísticas, sueña con escuchar sus letras en las mejores voces, con ver al público aclamando al artista que las interpreta, busca esa canción y esas letras que tararea todo el mundo en cualquier lugar, letras que con el paso de los años son como el buen vino, mejoran y son más apreciadas. Sueña y hace soñar a quien las escucha, les ayuda a recordar vellos momentos.

Si hablamos de recordar bellos momentos, casi todos ellos, están unidos a una canción, a una música, a unas letras, quizá no recuerdes al cantante que las interprete ni a la banda que las hace sonar, pero de las letras y música no te olvidas y, con ellas, los recuerdos de esos bellos y emotivos momentos. Hay soñadores, aunque todos lo somos en mayor o menor medida y luego están los soñadores que hacen soñar al resto con sus sueños e ilusiones a través de las letras, la música, la voz. Unas palabras, unas letras muchas veces bastan para levantar una sonrisa a quien esté triste y le hace por un instante, olvidarse de aquello que le atormenta. Son muchas más cosas, muchos más sueños, son tantos que no podríamos describirlos, tan variados y diferentes que se necesitarían muchos años para contarlos.

Pero cuando despiertas de ese sueño y tropiezas con la realidad te das cuenta que para seguir soñando, para transmitir los sueños a los demás, para hacer soñar a otros, necesitas recurrir al vil metal, al caballero don dinero, que te ofrece la posibilidad de tener un editor, de publicar tus sueños, ilusiones y pensamientos, sin él, todo queda en un cajón o en un disco duro para que solo tú lo disfrutes, sin poder compartirlo con los demás.

Todos los sueños e ilusiones que con tanto mimo y esmero has planteado durante mucho tiempo, con tanto esfuerzo y dedicación se te pueden venir abajo de forma fulminante sin dejarte reaccionar para enmendarlo, porque simplemente, el vil metal entró en escena y se niega a ser tu aliado, sin su apoyo también pierdes el de los que tienes alrededor o son cómplices indirectos de esos sueños, o que ese sueño se haya convertido en el sueño de esos otros, para conseguir más de ese preciado vil metal aunque sea a costa de tus sueños, porque muchos sueños se hacen realidad con dinero y ese dinero hace que se cumplan los sueños de otros, que esperan hacerte cumplir los tuyos a través de tu alianza con el vil metal, el tan preciado caballero don dinero.

Al fin y al cabo, ese vil metal es el que condiciona la vida de la humanidad, la vida individual y colectiva, es quien te hace triunfar y fracasar, también es el responsable de las tristezas y alegrías, de la salud y la enfermedad, porque puede ser tan enfermizo no poseerlo, como enfermarte por conseguirlo y, aunque se diga que el dinero no da la felicidad, sí que es verdad que puede comprarla o ayuda a conseguirla, es tan poderoso que puede incluso comprar un sentimiento tan fuerte y tan puro como es el amor, y no me lo invento, la realidad es la que hay y está presente, porque los ojos no ven igual al chico feo de gafas de culo de botella que va por la calle o esperando en la parada al transporte público, que a su hermano gemelo, idéntico, pero que pasa por la misma calle en un deportivo de lujo descapotable, usa gafas de sol de marca, vive en un hermoso chalet con piscina y jardín y, en el fondo, es igual a su hermano, igual por fuera, porque el que espera en la parada del transporte público igual es la mejor persona del mundo y el otro tiene la mente podrida, pero como tiene de su lado al vil metal, es al que seguramente llame el amor y no a su hermano.

En conclusión, el que tiene la oportunidad de hacerse con un buen botín de forma rápida y limpia, no pierde la oportunidad. Siempre hay excepciones, aunque para muchos, el solo hecho de poseerlo ya colma sus sueños y aspiraciones, porque en el mundo hay muchas almas vacías, egoístas, crueles y sin escrúpulos, que están condenados a adorar al vil metal por encima de todas las cosas aunque su vida al final sea un infierno lleno de torturas y preocupaciones por acaparar más de lo que puede o debería. Al fin y al cabo, no es más feliz el que más tiene, si no al contrario, el que menos necesita, y a veces suele pasar, el que menos necesita es aquel que tiene y no se da cuenta, buscándolo en el vil metal.

Está bien tener sueños y luchar por ellos, pero hay que vivir el presente, aprovechar cada día y cada momento, antes de que la vida se nos vaya persiguiendo esos sueños, porque si no, nos pasaremos la vida soñando y buscando, sin vivir el presente, porque a lo mejor nuestra felicidad se encuentra en el presente, si no nos damos cuenta de ello, no viviremos y habremos desperdiciado toda una vida, porque la muerte es la única que te da toda una vida de ventaja, la vida es corta y se va. Hay sueños de los que no quisiéramos despertar, pero hay realidades que quisiéramos que solo fuesen un sueño.

 Cometemos muchos errores en nuestra vida y de ellos aprendemos, nos enseñan a andar por el mundo, a forjar nuestro destino, a crecernos ante la adversidad, a solucionar los problemas del día a día, porque de los errores se aprende y el resto son experiencias, cosas que pasan a nuestro alrededor. Nos pasamos la vida aprendiendo, sumando experiencias que nos ayudan a sortear los obstáculos que encontramos en nuestro camino y, lo que en un momento dado nos parece un grave problema imposible de superar, con el paso de los años y las experiencias vividas, esos abismos que se nos plantean en la juventud se convierten en un juego de niños cuando llegamos a la madurez. Con los años, perdemos esa fogosidad y forma improvisada con que actuamos cuando somos jóvenes a los que les falta la sabiduría y experiencia para afrontar los problemas de forma sosegada, pensando antes de tomar una decisión precipitada que nos complica aún más nuestra existencia.

Por un lado, durante la juventud los problemas llegan de repente, con prisa nos complicamos y los hacemos más grandes aún de lo que en realidad son, pero con la madurez los vemos venir antes de que lleguen y, cuando los tenemos encima, ya hemos tenido tiempo de pensar y tener la solución preparada para hacerlos salir de nuestro entorno o simplemente anularlos y seguir adelante, porque los afrontamos con serenidad, con la experiencia de los errores cometidos en el pasado. Es cierto que no se puede vivir del pasado, pero no es menos cierto que echando una mirada atrás, nos da la ventaja de caminar hacia adelante con más firmeza para no volver a equivocarnos como en el pasado. El pasado está para aprender, para tomar conciencia de otras experiencias, pero no para vivir alimentándonos de él, porque lo verdaderamente importante es el presente, los momentos que estamos viviendo para que no se nos vaya la vida ni ahogados por los recuerdos, ni sumidos en los sueños del futuro, sin dejarnos ver lo que tenemos delante y, lo único cierto es lo que estamos viviendo, el resto no lo vamos a recuperar y el mañana es incierto, está por ver si llegamos o nos quedamos a la espera.

Como hemos dicho, a lo largo de nuestra existencia, cometemos muchos errores y de ellos aprendemos, pero es cierto que hay muchos errores a lo largo de nuestra vida que merecería la pena repetir. Nuestro destino no está escrito, pero sí latente y somos nosotros mismos los que tenemos la capacidad de cambiarlo, somos los que podemos tomar la decisión de hacer una cosa u otra y solo aquél que permanece inmóvil será el que se deje arrastrar y se deje vivir. Son nuestras decisiones las que nos hacen vivir, soñar, sentir, pero todas ligadas a nuestros sueños e ilusiones que son el motor de nuestra vida y los que nos llevan hasta la felicidad, porque la felicidad no está en vivir, sino en saber vivir. Es nuestra mente, el arma más poderosa con la que nos encontraremos a lo largo de nuestra existencia en este mundo, que es el que conocemos, el resto solo son cuentos y leyendas, estamos, existimos, vivimos, pues vivamos y aprovechemos cada momento, cada día, porque nunca sabremos si puede ser el último.

TEATRO CANARIO SIGLOS XVI Y XVII


 
 
El teatro no tuvo la misma popularidad en Canarias que en la Península durante los siglos XVI y XVII. No se conoce la existencia de corrales de comedias, y las representaciones teatrales no eran un espectáculo habitual.

El teatro canario de los siglos XVI y XVII fue escrito en homenaje a determinadas autoridades o para ser representado en ceremonias religiosas, como el Corpus.

Los dramaturgos canarios más destacados de la época fueron Bartolomé Cairasco de Figueroa, y Juan Bautista Poggio.

Cairasco escribió comedias para fiestas (Comedia del Recibimiento), tragedias de santos (Tragedia de santa Susana) y obras para el Corpus (Comedia del alma). Empleó el verso y la prosa, y concedió importancia al argumento y los personajes, por lo que cuidó especialmente los diálogos y el lenguaje de las protagonistas.

Poggio escribió loas para el Corpus (El amor divino) y para la bajada de la Virgen de las Nieves (La nave). Usó exclusivamente el verso y se interesó de manera particular por el espectáculo teatral.

 
El Amor y la Muerte, Bartolomé Cairasco de Figueroa

 
MUERTE.—Bueno está, por mi vida, el sonetillo.

Cese la enemistad: seamos amigos,

pues somos en tirar de un mismo oficio.

AMOR.—Por eso solo no podemos serlo;

demás de que mis flechas son doradas

y las tuyas son negras y tiznadas.

MUERTE.—No es oro todo, Amor, lo que reluce,

ni aun es todo carbón lo que escurece.

Si quieres mi amistad, la tuya quiero;

y si no, adiós paredes, que me mudo.

AMOR.—Sí quiero, Muerte; espera, no te vayas.

MUERTE.—Pues, ¡alto! ¿Adónde iremos?

AMOR.— A Canaria,

que para Amor y Muerte es propia tierra,

porque la gente della es descuidada,

de gula y ocio amiga.

MUERTE.— Muy bien dices,

porque el ocio y la gula son las puertas

que al Amor y a la Muerte dan entrada.